Lo mejor de mí

—¿Y qué más, Peter? ¿Qué otra cosa podrías agregar al tema?

Pedro giró hacia Ceballos, su psiquiatra.

—¿De qué doctor?
—Justamente eso. De tu lucha por no esconderte de nuevo de tus problemas. De que no desaparezcas.

Pedro había estado yendo al psiquiatra, por más de año y nueve meses. El cuadro depresivo seguía siendo evidente. Había llegado llorando y asustado, y al parecer del doctor Ceballos, iba a seguir así por mucho tiempo si no se hacía algo al respecto.

—Lo siento. En verdad no sé qué me pasa. No sé por qué me sigo sintiendo así. Siempre igual. Empiezo bien unas dos, tres semanas y de pronto recaigo. Odio sentirme así.
—Ajá—Ceballos contestó como dudando, casi con cansancio.
—Quiero dejar de llorar. Quiero estar bien. Quiero ser quien era antes de todo esto. Quiero poder cerrar el ciclo. Quiero sacar lo mejor de mí. Eso, eso quiero.

Pedro cerró los ojos mientras dijo lo último. «Lo mejor de mí». De una u otra forma siempre terminaba en lo mismo. En que lucharía en reconocer sus errores y ser responsable, corregirlos. En regresar con ella, disfrutar de nuevo la vida, el trabajo y sentirse tranquilo.

—¿Quieres avanzar? —le dijo Ceballos.
— Sí. Sí quiero.
—¿Quieres realmente superar todo y recuperar lo perdido?
—Sí, de verdad. Sí quiero.

Ceballos le dio a Pedro la espalda. Sacó una botella de Jack Daniels y sirvió un trago en un vaso con una impresión de un pequeño Mickey Mouse con los brazos abiertos, dando la bienvenida a Epcot.

—Mira, Pedro… —Ceballos despejó su garganta y tomó el trago completo— no seas pinche joto, cabrón.

Pedro abrió los ojos por un momento, sorprendido. Creía no haber escuchado bien.

—¿Perdón?
—Lo que escuchaste. Ya estuvo. Ya. A ver, ¿cuánto tiempo tienes viniendo aquí? ¿Año y medio? ¿Dos años? Hasta la pinche cuenta perdí.

Ceballos sirvió otro Jack. Pedro no encontraba qué decir. Estaba mudo.

—Mira, Pedro. Tú puedes seguir viniendo y hacer este teatrito de siempre. Que si esto que lo otro y que no puedes levantarte. Que regreses a casa de tu madre y te siga planchando tus suetercitos de Scappino puteados. Pagarme la fortuna que me has pagado hasta ahora. ¿Sí sabes qué pedo, no?

Pedro seguía atónito.

—Y sí, te agradezco que sigas financiando mi casa en Cabo San Lucas, pero, la verdad es que ya está de hueva.
—Pero...
—¡DEE HUUUEVVAA!

Pedro lloró una sola lágrima.

—Quiero que te quede claro. Un error es normal. Somos humanos. Algunos hasta somos errores. Nacimos cagándola.
—Sí... es verdad. Es cierto.
—Además, ya, chingado, ¿qué tanta diferencia puede haber entre la mayonesa McCormick y Hellmann's? Dime. ¿Qué tanto pinche jugo de limón se necesita? Aah pero no, tenían que hacer un pedote por un error. ¿Sabes? Los problemas en el mundo son más grandes que lo que piense, ella, Patricia, y unos pendejitos de cuentas.
—Wow, doctor. Tiene razón. En todo. Es verdad.

Ceballos sonrió. Había conseguido lo que quería. Y ya tenía el título para su best-seller. «Lo mejor de mí: Pedrito, su verdad y cómo superar una gran derrota».

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Fuente natural de Omega 3.

Chill Support Por Iván Soria